viernes, 13 de julio de 2007

Con la sonrisa puesta

Hay días en los que uno se levanta con la sonrisa puesta, el cielo en la cara y los ojos curiosos como los de un niño. Es cuando ves que el mundo merece la pena, que las lágrimas solo son necesarias para desahogarse un poco de vez en cuando y sacar a los gnomos inquietos del interior a través de ellas. Es cuando hasta una mala noticia a través de una simple nota te parece el más bello escrito que puedes recibir. Todo por algo tan simple como estar a menos de un kilómetro de la persona con la que deseas estar.


Entonces la sonrisa se dispara, el corazón se alborota y las lágrimas solo acuden si se introduce una mota en el ojo, aunque también puedes hacerlo tú a propósito para que la tenga que sacar con su pañuelo y así estar más cerca durante unos instantes.


Somos más complejos de lo que realmente queremos reconocer y a la vez más sencillos que la sonrisa de un bebé. Como dice el nano Serrat en una de sus canciones:
"Hoy puede ser un gran día donde todo esta por descubrir, si lo empleas como el último que te toca vivir. Saca de paseo a tus instintos y ventilados al sol, y no dosifiques los placeres, si puedes, derróchalos. Si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad. Hoy puede ser un gran día, date una oportunidad. Hoy puede ser un gran día imposible de recuperar, un ejemplar único, no lo dejes escapar. Que todo cuanto te rodea lo han puesto para ti, no lo mires desde la ventana y siéntate al festín".


Debemos soñar hasta alcanzar nuestro día, cada día. Es así como se vive, soñando con lo imposible. Somos nosotros quien debemos perseguir nuestros sueños, no ellos a nosotros. No nos damos cuenta, pero cada sueño que conseguimos hace sonreír a alguien y no eres tú. Cuando suena una campanilla, significa, que un ángel ha conseguido sus alas. Y los ángeles nos adelantan por la calle a cada momento. Nos empujan en las rebajas, o simplemente van de nuestra mano paseando por un parque.


Muchos de ellos no saben aún que lo son, se creen impuros por su imperfección, sin darse cuenta que, es precisamente en esta imperfección, en la que reside su belleza, lo que les confiere ese halo de ternura.


Cada abrazo que dejas de dar desaparece. Daremos otros pocos momentos después y a la misma persona, pero ese que hemos dejado de ofrecer, el que hemos reprimido por miedo, por timidez o por pereza, se muere irremisiblemente dentro de nosotros y no se puede recuperar.


Si quieres a alguien, díselo, aunque no quiera escucharlo. Abrázale, bésale a pesar de sus labios apretados pero que están deseando abrirse. No dejes de sonreírle a cada momento para que sonría contigo, por que, en algún sitio, un ángel se gana sus alas al sonar de nuevo la campanilla en el corazón de las personas que amas.

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