Cuando el color del cielo se queda suspendido detrás de unos ojos,
cuando el tacto de unos dedos sobre las manos te hacen sentir descargas de electricidad,
cuando una sonrisa es algo más que la expresión de unos labios,
el resto del mundo da lo mismo y giras sobre tus pies mientras danzas sin fin.
Cuando el sueño se desvanece,
cuando descubres que la carroza no es más que un carro donde has soñado,
cuando Cenicienta es quien te ofrece la manzana del sueño,
el resto del mundo sigue dando igual mientras paseas con tus pies sobre las duras aceras de Madrid.
Si consigues que no te dañe el alma,
si aceptas el destino como una ficha más en la partida,
siempre podrás recomenzar el juego,
sin el miedo a una nueva pérdida.
cuando el tacto de unos dedos sobre las manos te hacen sentir descargas de electricidad,
cuando una sonrisa es algo más que la expresión de unos labios,
el resto del mundo da lo mismo y giras sobre tus pies mientras danzas sin fin.
Cuando el sueño se desvanece,
cuando descubres que la carroza no es más que un carro donde has soñado,
cuando Cenicienta es quien te ofrece la manzana del sueño,
el resto del mundo sigue dando igual mientras paseas con tus pies sobre las duras aceras de Madrid.
Si consigues que no te dañe el alma,
si aceptas el destino como una ficha más en la partida,
siempre podrás recomenzar el juego,
sin el miedo a una nueva pérdida.
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