A ese niño que se llena de barro
cuando en el parque juega,
convirtiendo botes en palacios
y recreando princesas con colillas,
pienso llevarle a pasear,
para que conozca el mundo
y sepa caminar,
cuando todo a su alrededor
se quede mudo.
A esa mujer que solo se atreve a llorar
cuando su hombre se ha dormido,
el mismo que le prometió amor,
pero que le rajó sus sueños
entre golpes e insultos,
la buscaré para enseñarla a reír
desde aquí al infinito.
Al anciano que se muere
más de soledad que de enfermedad,
y aun más de melancolía,
al que hemos olvidado
pues ha dejado de servir,
le daré conversación
para que me cuente su vida.
A ese hombre que recorre las calles,
recogiendo los sueños perdidos,
para cuidarlos en su mochila,
para que sigan vivos,
pienso invitarle a una copa
y que me cuente los suyos
que nadie se los recoge y se le mueren dormidos.
cuando en el parque juega,
convirtiendo botes en palacios
y recreando princesas con colillas,
pienso llevarle a pasear,
para que conozca el mundo
y sepa caminar,
cuando todo a su alrededor
se quede mudo.
A esa mujer que solo se atreve a llorar
cuando su hombre se ha dormido,
el mismo que le prometió amor,
pero que le rajó sus sueños
entre golpes e insultos,
la buscaré para enseñarla a reír
desde aquí al infinito.
Al anciano que se muere
más de soledad que de enfermedad,
y aun más de melancolía,
al que hemos olvidado
pues ha dejado de servir,
le daré conversación
para que me cuente su vida.
A ese hombre que recorre las calles,
recogiendo los sueños perdidos,
para cuidarlos en su mochila,
para que sigan vivos,
pienso invitarle a una copa
y que me cuente los suyos
que nadie se los recoge
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