Hoy me has dicho que solo hay tristeza en mis palabras,
que solo escribo lo que siento cuando el cielo es negro
y que no cuento todo lo que me hace dichoso cada día.
Me siento muy afortunado por la vida que llevo,
de los errores que me ayudan a aprender,
hablar contigo y con quien compartimos.
Soy dichoso al aprender y al entender
siempre con lentitud desesperante,
viendo los errores con tu ayuda,
y aún me queda tanto.
Me ilusiono,
sonrío,
canto,
amo,
doy gracias
por vivir aquí,
por lo que sentí ayer
que me hace ser como soy,
por lo que ha pasado hoy,
que me acerca siempre al mañana.
Me entusiasmo al comenzar cada día,
gozo del sol por el calor y la luz que ofrece
de la mirada de mi hijo cuando está a mi lado,
de su voz siempre a tanta distancia pero vive en mi corazón.
Doy gracias por todo lo recibido y por lo que soy capaz de dar,
por tener vuestra ayuda al levantarme tantas veces como soy capaz de caer.
Me dices que confíe en lo que me pasa y que muestre lo bueno que me ocurre cada día
y al comenzar a escribir sobre esta hoja en blanco sin poder ni querer evitarlo he pensado en ti.
Te dije que tan solo necesito de tres días para analizar las excusas que nos dan,
sin darme cuenta las horas han pasado por mi mente y al llegar la tarde ya vivo feliz en el cuarto día.
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