Me siento en aquella nuestra orilla y miro al horizonte,
tranquilo y sonriendo pues el barro ya no me cubre,
aunque se bien que aún es piel sobre mis pies.
Y te observo mientras te alejas, cuando te pierdes,
sabiendo que puedo pasar a tu lado sin reconocerte,
no por que no te mire, es que no quiero verte
pues tus raíces se adentran más y más en la oscuridad.
La nave naufraga sin remedio y tú me miras sin observar,
elegiste esa ruta sin consultar los mapas ni las estrellas,
sin querer comprender que navegar es algo más que remar.
Sigo mi camino con paso lento por tierra firme
mientras tus velas se adentran en la negra noche
mientras pierdes tu luz remando hacia el mal.
1 comentario:
En alguna ocasión sentí lo que describes, pero el mar es tan hermoso que no debemos dejarnos naufragar por una tormenta...
Un beso, amigo.
Publicar un comentario