Existen pensamientos que se enredan en el recuerdo. Hay recuerdos que atraviesan la cabeza y que te acompañan desde niño.
De un niño que dejo de confiar pues en quien más lo hacía le mostró que se equivocaba, quien era su refugio pasó a ser su prisión.
Aquella mirada nueva se perdió para siempre entre los azulejos del baño perdido entre su verde de sangre.
Pero llegó el olvido que todo lo tapa, un no-recuerdo culpable sembrado entre aquellas paredes, una culpa oculta que se eternizó entre las grietas esperando regresar. Y cuando lo hizo floreció en una verdad que me liberó al arrancarme aquella bruma.
Aún así callé cada día pues como el silencio que no extiende el dolor también evita el desmembramiento del alma.
Y vosotras, ¿por qué calláis? Porque mi silencio está hecho de vergüenza y culpa pero, ¿y el vuestro sobre qué materia se alza? Mi liberación es únicamente mía como solo mío fue mi dolor y mi culpa.
Solo me queda una esperanza; que cuando aquél abandone los días y el polvo mi niño pueda olvidar y volar.
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